Elal vuela montado en el cisne Kóokne hacia las cumbres del cerro Chaltén, al atardecer

La leyenda de Elal

La creación según la cosmovisión de los antiguos tehuelches

La leyenda de Elal es el relato de la creación de los aonikenk, los antiguos tehuelches de la Patagonia austral. Cuenta cómo Kooch creó el mar, el viento, el sol y la luna, y cómo el héroe Elal llegó volando sobre un cisne hasta la cumbre del cerro Chaltén para crear desde allí a los primeros hombres.

Kooch, un gigante de piedra con barba, llora sobre el mar oscuro; a lo lejos aparecen el sol y la mujer-luna
De las lágrimas de Kooch nació el mar; al desgarrar las tinieblas aparecieron el sol y la luna.

El llanto de Kooch y el origen del mundo

En los inicios del tiempo, Kooch, la deidad creadora de todas las cosas, se sentía tan abrumado por su solitaria existencia en las tinieblas que comenzó a llorar desconsolado durante un largo tiempo, y con sus lágrimas creó a Arrok, el mar primordial. Al contemplar su primera creación, Kooch dio un suspiro que dio origen a Xoshem, el viento. Xoshem fue quien separó las aguas de la tierra firme. Pero Kooch no pudo ver claramente su creación hasta que desgarró las tinieblas, lo que dio lugar a la aparición de Xaleshen, el sol; y para que las noches no fueran tan oscuras creó a Kéenguenkon, la mujer-luna, que pronto se convirtió en un ser maligno y poderoso. Xaleshen y Kéenguenkon se enamoraron y engendraron a Karr, la primera estrella del día, a quien se le obsequió el dominio de las mareas.

Una ratona de campo cuida a un recién nacido envuelto en una manta, dentro de una cueva con pinturas rupestres
Terrguer, su abuela, salvó a Elal escondiéndolo en su cueva.

El nacimiento de Elal

Kooch había creado así la Patagonia y los océanos, uno en el naciente y el otro en el poniente. En este último creó una isla en la que habitaron gigantes y otras criaturas, como los animales-hombres. Uno de esos gigantes, Nosithej, secuestró a la mujer-ratón y en ella engendró a Elal. Al descubrir el embarazo, Nosithej, furioso, asesinó a la mujer con la intención de devorar al feto, pero en ese momento la tierra rugió y Nosithej quedó desorientado. Aprovechando el instante de sobresalto, Terrguer, la ratona de campo que era su abuela, rescató a la criatura y la escondió en su cueva, y así le salvó la vida.

Elal vuela montado en un cisne blanco, seguido por bandadas de aves, hacia picos nevados al atardecer
Montado en el cisne Kóokne, Elal cruzó el mar rumbo al amanecer.

El vuelo del cisne hasta el Chaltén

Elal comenzó a crecer muy rápido y pronto se convirtió en un ser de gran fortaleza física, que desafió a su padre y terminó matándolo, liberando así a todos los animales-hombres de la tiranía de los gigantes. Tras ello, Elal debió abandonar la isla, y lo hizo volando montado en su amigo Kóokne, el cisne. Miles de otras aves los acompañaron en su viaje rumbo al amanecer hasta llegar a la Patagonia, y descendieron en la cima del cerro Chaltén.

Elal, con arco, en la cima de una montaña mientras las aves se transforman en hombres; a sus pies arde un fuego
Desde la cumbre del Chaltén, Elal creó a los primeros hombres y les dio el arco y el fuego.

Elal crea a los tehuelches

Desde la cumbre del Chaltén, Elal divisó una tierra desierta y decidió convertir a una de las bandadas que lo habían escoltado en los primeros hombres, los tehuelches. Luego creó al resto de los seres vivos. Elal les enseñó a los hombres a cazar, y para ello creó el arco y las flechas. También les dio el fuego para que pudiesen cocinar sus alimentos, y dividió el año en estaciones. Además, estableció las reglas morales y las leyes, la prohibición del incesto y el matrimonio exogámico.

Elal, con los brazos extendidos, separa el mundo de los tehuelches, iluminado por el sol, del mundo oscuro de los gigantes de piedra
Para proteger a los tehuelches, Elal separó su mundo del de los gigantes.

La separación de los mundos

Pero los gigantes pretendían vengar la muerte de Nosithej y castigar a Elal apoderándose de su reino y destruyendo su obra. Elal no podía enfrentarlos a todos, por lo que decidió separar el mundo de los hombres del mundo de los gigantes; pero, al hacerlo, los tehuelches se convirtieron en seres mortales.


Personajes de la leyenda

Kooch
Deidad creadora de todas las cosas.
Arrok
El mar primordial, nacido de las lágrimas de Kooch.
Xoshem
El viento, nacido de un suspiro de Kooch; separó las aguas de la tierra.
Xaleshen
El sol, que apareció cuando Kooch desgarró las tinieblas.
Kéenguenkon
La mujer-luna, que se volvió un ser maligno y poderoso.
Karr
La primera estrella del día, hija del sol y la luna; domina las mareas.
Nosithej
Gigante de la isla del poniente, padre de Elal.
Terrguer
La ratona de campo, abuela de Elal, que le salvó la vida.
Elal
Héroe creador: venció a los gigantes y creó a los tehuelches.
Kóokne
El cisne que llevó a Elal hasta la cumbre del Chaltén.

Preguntas frecuentes

Elal es el héroe creador de la cosmovisión aonikenk, la de los antiguos tehuelches. Según la leyenda, nació de un gigante y de la mujer-ratón, venció a los gigantes, llegó volando sobre el cisne Kóokne hasta la cumbre del cerro Chaltén y desde allí creó a los tehuelches: les enseñó a cazar con arco y flechas, les dio el fuego, dividió el año en estaciones y estableció sus leyes.

Kooch es la deidad creadora de todas las cosas. En la leyenda, con sus lágrimas creó a Arrok, el mar; con un suspiro, a Xoshem, el viento; al desgarrar las tinieblas apareció Xaleshen, el sol, y para iluminar la noche creó a Kéenguenkon, la luna.

En la leyenda, la cumbre del cerro Chaltén es el lugar donde desciende Elal al llegar a la Patagonia, y desde donde crea a los primeros hombres. Por eso los tehuelches consideraban al Chaltén una montaña sagrada.

Chaltén es una palabra de la lengua aonikenk que suele traducirse como «montaña que humea», por las nubes que se enganchan en su cumbre y la hacen parecer un volcán. Hoy el cerro se conoce también como Fitz Roy.

Los tehuelches eran los pueblos originarios que recorrían la Patagonia continental como cazadores nómades. Los del sur, los aonikenk, son los que transmitieron la leyenda de Elal y dieron nombre al cerro Chaltén.


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Kooch
Deidad creadora de todas las cosas.
Arrok
El mar primordial, nacido de las lágrimas de Kooch.
Xoshem
El viento, nacido de un suspiro de Kooch; separó las aguas de la tierra.
Xaleshen
El sol, que apareció cuando Kooch desgarró las tinieblas.
Kéenguenkon
La mujer-luna, que se volvió un ser maligno y poderoso.
Karr
La primera estrella del día, hija del sol y la luna; domina las mareas.
Nosithej
Gigante de la isla del poniente, padre de Elal.
Terrguer
La ratona de campo, abuela de Elal, que le salvó la vida.
Elal
Héroe creador: venció a los gigantes y creó a los tehuelches.
Kóokne
El cisne que llevó a Elal hasta la cumbre del Chaltén.
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